lunes, 23 de septiembre de 2013

Informe "La crónica"

La crónica: el rostro humano de la noticia

La crónica es un relato descriptivo sin opiniones ni fantasías que, con estilo propio y manejo original del lenguaje, desarrolla la noticia, la humaniza, la hace más vivencial e involucra al lector como protagonista. Tiene como fin la reconstrucción cronológica de un hecho, en la que el tiempo juega un papel muy importante. Este género maneja algunos elementos del reportaje sin alcanzar su profundidad. Incluye valoraciones subjetivas del periodista y al mismo tiempo admite un estilo literario. En esencia, una información interpretativa y valorativa de los hechos noticiosos, actuales o actualizados, donde se narra algo al propio tiempo que se juzga lo narrado.

El periodismo se apropia de este género para permitirle al periodista competir con la noticia en el protagonismo, y aportar un estilo personal que embellezca la escritura al riesgo de fusionar la redacción periodística con un texto literario.
El autor de la crónica deberá transformarse, entonces, en un artesano de la noticia, que elegirá los hechos que considere relevantes, los testimonios –en caso de que los incluya—y los detalles de color que le permitan al lector sumergirse en la crónica informándose sin aburrirse y a la vez sintiéndose parte del relato.

No existe una única manera de escribir una crónica. Dado que depende del estilo del escritor, es posible encontrar tantas posibles maneras de relato como cronistas existan. Lo seguro es que:

  • Se organizará acorde con el transcurso de los hechos.
  • Será un relato informativo.
  • Estará marcada por la subjetividad.
  • Tendrá una impronta literaria.
  • Estará firmada.
La crónica se ocupa fundamentalmente de lo que no es noticia (o de lo que no nos enseñaron a considerar noticia). Se pretende contar lo que le pasa a la gente que va a leer eso que se ha escrito. Es gente parecida a nosotros. O, al menos, no tan distinta. Lo que le pasa a un hombre les pasa a todos. La crónica no requiere de hechos extraordinarios (aunque pueda contenerlos); no pide más que una buena y profunda mirada, buena escritura, estilo, personalidad, capacidad de contar algo más o menos ordenadamente (lo que no excluye dar cuenta del caos, de lo indeterminado, de lo que no puede ser fácilmente nombrado). 


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